martes, 27 de julio de 2010

 

Papa Gregorio XVII

 

En un artículo anterior hablamos de la Iglesia palmariana que se erigió espiritual y materialmente en el Palmar de Troya (Utrera, Sevilla, España). A continuación les dejo el testimonio de lo que fueron las palabras de la Virgen María hacia Clemente Domínguez (Papa Gregorio XVII) en una de sus apariciones, poco más de un año antes de autoproclamarse Papa.

A mí personalmente me recuerda a dos cosas: por un lado a los discursos religiosos de Don Currito (Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios), y por otro, a los que inspiraban a éste "buen hombre" del Señor, a la mismísima Santa Sede, Santo Oficio o, lo que es lo mismo, la Santa Inquisición. Al final del texto, las palabras de la virgen me recuerdan más a la oferta de un banco por domiciliar la nómina, ya que en función de ingresos ofrece un mejor o peor obsequio.

No tiene desperdicio. Saludos.

 

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31 de mayo de 1.977 - Palmar de Troya.

 

La Santísima Virgen María:

“Mis queridos hijos: He aquí vuestra Madre, como Reina y Señora, rodeada de ángeles y acompañada

del glorioso Rey San Fernando. El mundo no se da cuenta de la importancia de este Sagrado Lugar, donde se

consolidará el Gran Papado y el Gran Imperio, el Imperio de Cristo. Este futuro Papa de la Gloria de las Olivas,

que llevará, junto a la Cruz, la espada, restablecerá el orden en toda la faz de la tierra. Por eso, es necesario que,

todavía, un tiempo más, sufra la cruz de la ceguera, para fortalecerse y para perfeccionarse, para la gran empresa

imperial y papal que recaerá sobre él en su día. Un gran Papa, que será un gran Caudillo. Un Victorioso contra

todos los enemigos de Cristo. Un Caudillo ungido, que tendrá que atajar el camino para cortar el paso al

marxismo, cuyo marxismo, reinará en España por brevísimo tiempo, para ser después totalmente destruido y

arrojado de España, a través de la Cruz y la espada.

¡Qué gran lugar este del Palmar de Troya! ¡Y el mundo sin darse cuenta! Gracias a todos vosotros,

Carmelitas de la Santa Faz, los futuros guerreros de las huestes de Cristo.

Es necesario que todos comprendan la importancia de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz, la

Orden más grande que ha existido, porque en ella se une lo bueno de las distintas Órdenes, hoy relajadas.

Y aprovecho este momento para deciros, con manifestación maternal, que, a partir de ahora, en la Orden

de los Carmelitas de la Santa Faz, no se admita más a miembros seculares. A partir de ahora, todos los que

ingresen serán aquellos que tengan espíritu del Clero Religioso... Ya no se admitirá más la entrada de seculares

entre vosotros, porque contagiarían sus malos ejemplos a los miembros de la Orden. Quiero el estado

perfectísimo, que es el de la Vida Religiosa. Pues, el Clero Secular, aunque estado perfecto, es menos perfecto

que el Religioso, muchísimo menos; máxime en esta hora de apostasía y corrupción. No es posible que un

Sacerdote permanezca fuerte y santo en medio de un mundo corrompido, en medio de un mundo de apostasía.

Los que están tomando el camino de secular, generalmente caminan mal, muy mal, porque les falta el espíritu del

sacrificio, el espíritu de la inmolación, la entrega total. Por eso, ya lo sabéis: A todos aquellos que lleguen, tenéis

que comunicarles mi deseo maternal de que: o religioso o ¡no hay nada que hacer! Nada de facilidades para

alcanzar esta gracia sacerdotal y episcopal de los Apóstoles de los Últimos Tiempos...

Sí, amadísimos hijos, hijos de mi Corazón Maternal e Inmaculado. Así es, Satán lo sabe. Y Satán sabe

que esta Madre vuestra os tiene bajo su Manto y quiere ayudaros a alcanzar la santidad, pero dentro de la Orden

de los Carmelitas de la Santa Faz. No será posible esa santidad fuera de ella, porque el mundo os perdería, el

mundo os contagiaría el mal, y no sabríais caminar fuera de la Orden.

¡Oh mis queridos hijos! Es necesario que meditéis sobre estas verdades. Tenéis una Orden, los

Carmelitas de la Santa Faz, que será el asombro del mundo en santidad y virtud, en ejemplo y modelo de toda

clase; que serán unos frailes fuertes, virtuosos y ejemplares; y unas monjas hermosas, virtuosas y ejemplares.

¡Cuánto quiero a mis amadísimas y queridísimas hijas las Monjas Carmelitas de la Santa Faz! ¡Qué

hermosura! Los ángeles se asocian llenos de gozo cuando oyen a estas monjitas hacer oración en este Sagrado

Lugar. ¡Qué hermosura de estas Monjas Carmelitas de la Santa Faz!...

Mis queridísimos hijos: es necesario que ingresen en la Orden muchos más, muchos más, muchos más,

de todas las naciones, porque cada nación que tenga miembros carmelitas en la Orden recibirá mi protección

maternal, mi amparo y mi refugio. Yo prometo extender mi Manto protector sobre las naciones que tengan

frailes y monjas en la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz; y cuanto mayor sea el número, más será la

protección y el amparo y el refugio...”


Tags: Clemente Domínguez, Papa Clemente, Palmar de Troya, Papa Gregorio XVII, apariciones marianas, Virgen María, Iglesia palmariana

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