Viernes, 26 de septiembre de 2008
Un desgarrador testimonio de una mujer indígena de 44 años de nombre Rosa que sobrevivió milagrosamente a la masacre de campesinos del 11 de septiembre relató momentos muy dolorosos de esa jornada sangrienta en un poblado de Pando y con una evidente impotencia y resignación preguntó ¿acaso es delito ser pobre, por qué han matado hermanos campesinos con tanto odio?.

    Uno de los hechos luctuosos más indignantes de las últimas décadas de la historia de Bolivia ocurrió el jueves 11 de septiembre en la región pandina Porvenir a la altura del lugar denominado Tres Barracas donde comenzó la cacería de campesinos por parte de paramilitares y sicarios, aparentemente enviados por el prefecto, Leopoldo Fernández, dejando el saldo preliminar de al menos 16 muertos, decenas de heridos y desaparecidos.

   Rosa, nombre ficticio, es una dirigente valerosa de la comunidad rural Santos Mercado, la más lejana de Pando, desde dónde tuvo que caminar 12 horas para llegar al lugar de la pesadilla, porque lo que conecta a su poblado sólo son sendas y no caminos para las movilidades, además debe mantener a ocho hijos y siete entenados.

   Con mucho dolor y lágrimas confesó que nunca en su vida pensó ver tantas escenas de horror y menos imaginó que había gente tan cruel para matar a niños, mujeres y ancianos.

    La humilde campesina salvó la vida milagrosamente porque logró lanzarse a una cuneta y encontró en su destino a otra mujer piadosa que al mirarla en el canal la ocultó con bolsas, llantas y basura para que no la descubrieran.

    Se olvidó el olor fétido que desprendía la basura porque fue más su fe para continuar con vida y desde donde pudo observar los sucesos más vejatorios.

    Vio como al ingeniero de la Prefectura que yacía muerto al chocar un vehículo de Sercam con un camión de los campesinos, le dan un disparo en la cabeza aparentemente para culpar a los campesinos.

    También testificó cuando los iracundos paramilitares les obligaban a los campesinos detenidos con disparos en las piernas revelar quiénes eran los principales dirigentes y por orden de quién estaban en la marcha.

    Impotente dijo que no respetaban a las mujeres que cargaban a sus niños en manos, porque igual las golpeaban, pese al llanto desesperado de sus hijos.

    Aseguró que las mujeres y ancianos pedía de rodillas que les dejen en libertad, pese a las ruegos de piedad eran golpeados sin contemplación.

    Confesó que está muy indignada por la actitud de los policías, porque dijo que fueron los uniformados los que les entregaron a los sicarios para ser masacrados, pues afirmó que un coronel y una mujer policía que comandaban a la tropa de uniformados, les obligaron a quedarse en el lugar, como si todo estuviera planeado para que se produjera la balacera.

    Dijo que los campesinos llevaban palos, canecos y su plato, además muchas mujeres cargaban a sus hijos porque debían darles de lactar.

    La mujer sobreviviente perteneciente al municipio de Santos Mercado, que estuvo oculta en la cuneta con basura por seis horas, relató los momentos sangrientos del 11 de septiembre en una entrevista.

P.- ¿Cómo sucedieron los hechos de la jornada sangrienta?.

R.- Nosotros venimos de la comunidad estábamos de ida a un ampliado en Cobija y nos han enfrentado primeramente a las 02.00 de la mañana y nosotros no hemos querido hacer nada porque no hemos ido con armas. Ellos estaban con bombas, estaban con cohetes, estaban con dinamitas y nos han lanzado todo eso entonces, nosotros nos estábamos regresando para Puerto Rico.

    Nosotros nos hemos parado en una pampa y hemos cogido a tres personas y que tenían las bombas, les hemos quitado esas bombas de las manos. En Porvenir ya nos han encontrado dos volquetas que venían de gente armada con armas nuevitas, ametralladoras traían y con eso nos han baleado a nosotros que estábamos de ida a Cobija y ahí ha sido a las 11 de la mañana (jueves) más o menos.

P.-¿Se entregaron, escaparon qué hicieron?

R.- Muchos de mis compañeros han escapado por el monte, ellos (sicarios) lo han seguido, por el río les han baleado como fueran animales.

P.-¿Quiénes eran los matones, cómo salva su vida porque estaban cazando dirigentes, usted es dirigente?

R.-Son todos los que trabajan en la Prefectura, había brasileños entre el medio, yo me he tendido en la cuneta y ahí me he tapado con unas basuras, una señora (vecina del lugar) me ha ayudado. He mirado todo lo que han hecho ellos hasta las cinco de la tarde (desde las 11.00 de la mañana) he estado ahí tendida hasta que han dejado de tirotear.

    Toditos son trabajadores de la Prefectura, yo los conozco porque yo siempre he estado viajando a Cobija, y he visto puros trabajadores de la Prefectura, ingenieros, doctores.

P.- ¿Está hablando de mujeres maltratadas y asesinadas?.

R.- Las han huasqueado (chicoteado) a las compañeras, algunas se lanzaron al agua para querer cruzar nadando y entonces ahí les han dado tiros, ahí las han matado a las compañeras, algunas embarazadas.

P.- ¿Cómo fue la muerte del ingeniero de la Prefectura?
 
R.- Un ingeniero estaba en una camioneta roja que por chocar el camión donde íbamos nosotros, y ha frenado de golpe y se ha ido contra la cuneta, y el hombre iba atrás sentado. Entonces ellos (sicarios) para que digan que nosotros lo matamos, lo han chumbado (baleado) en la frente, eso ha pasado con ese ingeniero.

P.- ¿Cómo ha actuado la Policía, la Policía ha actuado bien, ha tratado de impedir que no haya enfrentamientos, qué a hecho la Policía?

R.- Cuando hemos llegado a Porvenir ahí estaba la Policía en la tranca nos han dicho haber vamos a revisar si no llevan armas, les hemos dicho vengan revisen no tenemos más que estos palos hemos agarrado para defendernos porque ellos no han lanzado bombas.

   Cuando hemos llegado a Porvenir ahorita vamos a dialogar, vamos a dialogar, compañeros no se preocupen y nosotros parados en pleno solazo, ya los niños, las señoras fatigadas, sofocadas estaban sin desayuno, ni nada ni agua habíamos tomado.

    Una paca (mujer policía) una grande no sé qué cargo tendrá ella, pero ella ha venido ahí, para revisarnos. Ya no más nos tenían rodeados cuando acordamos ya fue la balacera sin explicación, y ellos los policía han escapado toditos, ni siquiera por lo menos han dicho alto ahí, nada, ellos huyeron primero y nos han dejado vendidos a nosotros.

P.- ¿Entonces la policía no se quedó con ustedes salió huyendo?

R.- Sí, ellos huyeron primero, primero han escapado ellos y ya nosotros nos han tiroteado, los compañeros han huido por donde han podido se ha botado al río desde el puente y ahí ellos les han alcanzado y le han largado el balazo ya con esas ametralladoras.

P.- Cómo se salvó usted de toda esa balacera. Poso

R.- Mire yo me he tendido abajo en la cuneta, había un pocito ahí me he tendido y ahí era un taller una parchería (llantería) es ahí de un paisano y tenía hartos neumáticos de camión así partido en un bollo entonces yo he agarrado eso y me he tapado con eso y basura, y una señora su esposa del señor de ahí de esa parchería ella me ha ido a botar una bolsa más vieja con basura y ese neumático me ha puesto encima. Desde ahí, yo he estado mirando todo el tiempo que hubo la balacera, pero como miraban que era basura creo que no le daban importancia, yo de ahí he estado mirando, he estado escuchando todo lo que ellos hablaron.

P.- ¿El objetivo eran los dirigentes?

R.- Ellos hablaron así, vamos a coger a los dirigentes primero, ellos son los cabecillas decían ellos y unos brasileros decían matemos de una vez y cogían a los compañeros y los chicoteaban, hablá, quién sos vos, a qué han venido, quién te ha traído, el alcalde te ha dado plata, y los otros hablaban no, nadie nos ha traído, nosotros venimos a otra cosa, no estamos en eso, no quieren hablar y le tiraban tiros en el pie.

P.- ¿Si usted lo tuviera de frente al prefecto Leopoldo Fernández, qué le diría?

R.- Acaso es pecado ser pobre o campesino por qué nos han matado así con tanto odio eso es lo primero que le puedo decir a él (Prefecto).

P.- ¿Por qué fue a la marcha?.

R.- Yo soy dirigente de mi comunidad, soy de la última comunidad del municipio, he caminado mucho, ni siquiera ni en bicicleta puedo entrar, tengo que caminar más de 12 horas para poder llegar a mi comunidad, así meto mis víveres cargada en la espalda, yo sufro harto como mujer cargando mi alimento, recién se ha conformado en mi comunidad. Tengo 44 años, tengo ocho hijos y siete entenados que he criado y para esos hijos yo tengo que buscar el pan del día.

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Tags: Bolivia, Masacres, Pando

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