S?bado, 29 de diciembre de 2007
Declaraci?n de principios de un intelectual espa?ol
(Santiago Alba Rico - Escritor y fil?sofo)


No condeno al rey Fahd, honrado por el rey de Espa?a, que tala cabezas, poda manos y arranca ojos, que humilla a las mujeres y amordaza a los opositores, que se ense?orea sin peri?dicos, parlamento ni partidos pol?ticos, que viola filipinas y tortura indios y egipcios, que gasta la tercera parte del presupuesto de Arabia Saud? en los 15.000 miembros de su familia y financia los movimientos m?s reaccionarios y violentos del planeta. No condeno al general Dustum, aliado de los EEUU en Afganist?n, que ha ahogado en un contenedor a mil prisioneros talib?n a los que hab?a prometido la libertad y que murieron chupando las paredes de hierro de su prisi?n.

No condeno a Turqu?a, miembro de la OTAN y candidato a la UE, que en la d?cada de los noventa borr? de la faz de la tierra 3.200 aldeas kurdas, ha dejado morir de hambre a 87 presos pol?ticos y encarcela al que se atreve a transcribir en kurdo el nombre de sus ciudades.

No condeno al siniestro Kissinger, el m?s ambicioso asesino despu?s de Hitler, responsable de millones de muertos en Indo- china, en Timor, en Chile y en todos aquellos pa?ses cuyo nombre sali? alguna vez de sus labios.

No condeno a Sharon, hombre de paz, que dinamita casas, deporta civiles, arranca olivos, roba agua, tirotea a ni?os, pulveriza mujeres, tortura rehenes, quema archivos, vuela ambulancias, arrasa campos de refugiados y coquetea con la idea de ?amputar el c?ncer? de tres millones de palestinos para hacer m?s holgada la pureza de su estado ?jud?o?.

No condeno al rey Gienendra de Nepal, educado en los EEUU, que desde el pasado mes de enero ha ejecutado sin juicio a 1.500 comunistas.

No condeno a Jordania ni a Egipto, que apalea y encarcela a los que se manifiestan contra la ocupaci?n israel? de Palestina.

No condeno la Patriot Act ni el programa TIPS ni la ?desaparici?n? de detenidos por el FBI ni la violaci?n de la Convenci?n de Ginebra en Guant?namo ni los tribunales militares ni la ?licencia para matar? otorgada a la CIA ni el registro policial de todos los turistas que entran en EEUU procedentes de un pa?s musulm?n.

No condeno el golpe de Estado en Venezuela ni al Gobierno espa?ol que lo apoy? ni a los peri?dicos que, aqu? y all?, financiaron, legitimaron y aplaudieron la disoluci?n de todas las instituciones y la persecuci?n armada de los partisanos de la Constituci?n.

No condeno a la compa??a estadounidense Union Carbide, que el 2 de diciembre de 1984 asesin? a treinta mil personas en la ciudad india de Bophal.

No condeno a la empresa petrol?fera estadounidense Exxon-Mobil, acusada de secuestrar, violar, torturar y asesinar a decenas de personas que viv?an en un edificio propiedad de la compa??a en la provincia de Aceh (Indonesia).

No condeno a la empresa Vivendi, que ha dejado sin agua a todos los barrios pobres de La Paz, ni a Monsanto, que deja sin semillas a los campesinos de la India y de Canad?, ni a Enron, que despu?s de dejar sin luz a media docena de pa?ses, dej? tambi?n sin ahorros a 20.000 personas.

No condeno a las empresas espa?olas (BBV, BSCH, Endesa, Telef?nica, Repsol) que han vaciado las arcas de la Argentina, obligando as? a los argentinos a vender su pelo a los fabricantes de pelucas y disputarse una vaca muerta para poder comer.

No condeno a la casa Coca-Cola, que penetr? en Europa a la sombra de los tanques nazis y que despide, amenaza y asesina hoy a sindicalistas en Guatemala y Colombia.

No condeno a las grandes corporaciones farmac?uticas, que han acordado matar a veinte millones de africanos enfermos de sida.

No condeno el ALCA, que viola y despedaza a las obreras de las maquiladoras de Ciudad de Ju?rez y hace nacer ni?os sin cerebro en la frontera de M?xico con EEUU.

No condeno al FMI ni a la OMC, providencia de la hambruna, la peste, la guerra, la corrupci?n y de toda la caballer?a del Apocalipsis.

No condeno a la UE ni al gobierno de los EEUU, que ponen los acuerdos comerciales por encima de las medidas para la protecci?n del medio ambiente y que han decidido, sin plebiscito ni elecciones, la extinci?n de una cuarta parte de los mam?feros de la tierra.

No condeno las torturas a Unai Romano, joven vasco que, hace ahora un a?o, fue convertido en un globo tumefacto en una comisar?a espa?ola, quedando hasta tal punto desfigurado que sus padres s?lo lo reconocieron porque en la cara segu?a teniendo el mismo lunar.

No condeno al Gobierno espa?ol, que el pasado mes de abril estableci? el estado de excepci?n sin consultarlo al Parlamento y suspendi? durante tres d?as derechos b?sicos recogidos en nuestra Constituci?n (la libertad de movimiento y de expresi?n), con el agravante de segregaci?n racista, al impedir que los vascos viajaran a Barcelona con ocasi?n de la ?ltima cumbre de la UE.

No condeno la Ley de Extranjer?a, que expulsa a hombres d?biles y hambrientos, los encierra en campos de detenci?n o los priva del derecho universal a asistencia sanitaria y educaci?n.

No condeno el ?decretazo?, que precariza a?n m?s el empleo, elimina los subsidios y deja a los trabajadores, como hojarasca, a merced del cardo de los vientos de los empresarios.

No condeno, naturalmente, a Dios cuando llueve, relampaguea o truena ni cuando la tierra tiembla ni cuando el volc?n vomita su fuego sobre los hombres.

Soy un dem?crata: me importa un carajo la muerte de ni?os que no son espa?oles; me importa un carajo la persecuci?n, silenciamiento y asesinato de periodistas y abogados que no piensan como yo; me importa un carajo la esclavitud de dos mil millones de personas que nunca podr?n comprar mis libros; me importa un carajo el recorte de libertades mientras sujete yo libremente las tijeras; y me importa un carajo incluso la desaparici?n de un planeta en el que ya me he divertido tanto. Soy un dem?crata: condeno a ETA, a los que la apoyan y a los que guardan silencio, aunque sean mudos de nacimiento; y exijo, por tanto, que se prive de sus derechos ciudadanos a 150.000 vascos, que se les impida votar, manifestarse y reunirse, que se cierren sus tabernas, sus editoriales, sus peri?dicos, incluso sus guarder?as; que se los meta luego en la c?rcel, a ellos y a todos sus compinches (desde el joven militante anti-globalizaci?n al escritorzuelo resentido) y que, si todo esto no es suficiente para proteger la democracia, se pida la intervenci?n humanitaria de nuestras gloriosas Fuerzas Armadas, fajadas ya en la heroica reconquista de la isla Perejil. Soy un dem?crata: he condenado a ETA. Soy un dem?crata: s?lo he condenado a ETA y formo parte, por tanto, de todas las otras bandas armadas, de las m?s sangrientas, las m?s crueles, las m?s destructivas organizaciones terroristas del planeta. Soy un dem?crata. Soy un cabr?n. -

http://www.nodo50.org/varios/albarico.htm
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Tags: Santiago, Alba Rico, declaración, principios, escritor, filósofo, justicia

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