Jueves, 16 de agosto de 2007

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La revoluci?n bolivariana: ambivalencias internas y proyecci?n externa
Juan Torres L?pez y Mauricio Matus L?pez
Pueblos
Publicado el 15-08-2.007


El proceso revolucionario que se viene desarrollando en Venezuela constituye sin lugar a dudas la referencia m?s importante para el cambio social que pueda darse en el continente latinoamericano en las pr?ximas d?cadas. Pero es un proceso complejo y parad?jico y por ello no siempre f?cil de entender en todas sus manifestaciones.

No es algo casual, por ejemplo, que la izquierda de otros pa?ses tardara tanto en percatarse de su indudable calado y en dejar de considerar a Hugo Ch?vez como un simple iluminado. O que ahora se den tantas posiciones de apoyo acr?tico, que dan por bueno sin m?s todo lo que ocurre en Venezuela.

Para entender lo que viene sucediendo en Venezuela y, sobre todo, lo que creemos que es su inevitable proyecci?n sobre el continente, habr?a que tener en cuenta algunas caracter?sticas esenciales del proceso.

1. La emergencia de un nuevo sujeto pol?tico

A veces ha sido mal entendido el que buena parte de la clase obrera industrial (en Venezuela no muy extensa y al mismo tiempo muy privilegiada por su mayoritaria adscripci?n a la industria petrolera) no haya apoyado de forma expresa el proceso revolucionario o, quiz? mejor expresado, que no haya sido realmente el sujeto social que lo ha conducido.

Se trata de algo que igualmente ha ocurrido, aunque quiz? con manifestaciones y dimensiones distintas, en otros pa?ses como Bolivia o Ecuador, y sencillamente es la consecuencia de que el proceso revolucionario surge al mismo tiempo que ha ido emergiendo un nuevo sujeto pol?tico: los grupos sociales hasta ahora literalmente desheredados y completamente excluidos de las expresiones m?s elementales de la ciudadan?a pero que pasaron a ser el apoyo pol?tico expl?cito de la revoluci?n bolivariana, o m?s tarde tambi?n del triunfo de Evo Morales en Bolivia.

La conversi?n en sujeto pol?tico de la legi?n de desheredados y excluidos que que hab?a sembrado el neoliberalismo proporciona a los procesos pol?ticos que cuentan con su apoyo (como es el caso venezolano) una fuerza extraordinaria y singular, como se puso de relieve en la respuesta al golpe de abril de 2002, cuando incluso los propios partidos quedaron superados por la movilizaci?n espont?nea de quienes hasta hace poco eran literalmente invisibles en la sociedad venezolana. Una invisibilidad que lleva, por ejemplo, a que buena parte de la oposici?n diga que Ch?vez ha tra?do la pobreza a Venezuela: cegados por sus privilegios de antes, no ve?an la pobreza de su alrededor; por ejemplo, que el 89% de los ni?os entre 4 y 15 estaban en situaci?n de pobreza en 1998) .

Este apoyo es de gran fuerza y casi incondicional. Basta con haber paseado por los barrios m?s pobres para comprobar el sentimiento que nace de sentir como propia una Constituci?n, del disfrute de un modesto ambulatorio m?dico, de haber aprendido a leer, de tener una dentadura ?con la que se puede re?r?, o de haber recuperado la visi?n, para comprobar la intensidad del v?nculo entre las clases populares y la revoluci?n. Pero, al mismo tiempo, la naturaleza singular de este nuevo sujeto pol?tico (en gran mayor?a un aut?ntico lumpemproletariado, por utilizar una expresi?n cl?sica) trae consigo problemas cuya soluci?n requiere much?simo tiempo por delante.

La revoluci?n no puede consistir solamente en dar, en redistribuir, es decir, en invertir la l?gica rentista ahora a favor de los desfavorecidos pero manteni?ndola indefinidamente. Es necesario un nuevo rumbo productivo, un nuevo concepto de sociedad, un nuevo proyecto estrat?gico, nuevos valores, sujetos sociales de nuevo tipo... y todo ello ha de hacerse surgir de una sociedad sin recursos formativos generalizados, sin suficiente potencial end?geno, sin redes sociales consolidadas, ... como resultado del destrozo que el neoliberalismo ha provocado.

Posiblemente, el proceso revolucionario tenga garantizada la movilizaci?n pol?tica permanente, pero el problema es que no es solamente eso lo que se necesita para ir avanzando hacia la nueva sociedad que se propone y hay que construir con unos mimbres tan debilitados.

2. Dos espacios de democracia

En segundo lugar hay que tener en cuenta que el proceso ha supuesto un nuevo tipo de espacio pol?tico, gracias al cual puede ser que se consolide ese nuevo proyecto social. La Constituci?n no solamente fue un texto avanzado y novedoso sino el marco en el cual se asienta un concepto renovado del poder y, sobre todo, de la participaci?n popular como base de la democracia m?s avanzada y aut?ntica, al mismo tiempo que sostiene incluso con m?s fortaleza que en otros pa?ses, la democracia formal.

Por eso, para entender el proceso hay que saber reconocer a los nuevos operadores pol?ticos que han nacido de esa nueva democracia protag?nica, operadores que no necesariamente se visibilizan claramente, sino que act?an y se fortalecen constantemente en la vida diaria de los centros de trabajo, de las cooperativas, de los barrios, de las escuelas o de las nuevas Misiones.

La paradoja aparece, sin embargo, porque este nuevo tipo de democracia que nace, no sin dificultad, ha de convivir necesariamente (y es imprescindible que conviva) con el ejercicio de la democracia formal que la Constituci?n no desprecia (como err?neamente creen algunos) sino que, por el contrario, tambi?n impulsa y trata de fortalecer como base y requisito del propio proceso revolucionario.

Tanto es as?, que ha sido precisamente la oposici?n quien ha querido dinamitar las instituciones de la democracia formal, no s?lo por su propia incapacidad para actuar en libertad y pluralidad, sino porque debe ser consciente de que debilit?ndola debilita radicalmente al proceso revolucionario.

Esta parad?jica interdependencia entre las dos democracias que han de convivir para que la revoluci?n se fortalezca constituye, como es natural, un problema de dif?cil planteamiento y al que no siempre se le est? dando lo que desde fuera pudiera parecer una buena soluci?n. La creaci?n de un Partido Unido, por ejemplo, no s?lo podr?a considerarse como algo completamente innecesario a la vista de los avances logrados hasta el momento sino una opci?n que con toda seguridad disminuir? el apoyo social al proceso sin que sea seguro que proporcione fuerzas a?adidas. Como igual podr?a ocurrir con la reforma constitucional en marcha, que muchos pueden interpretar solo como un medio para que el Presidente pueda volver a presentarse a las elecciones. O con otras medidas que debilitan la funci?n del legislativo en favor del ejecutivo, algo que es muy corriente en los pa?ses que se nos presentan constantemente como ejemplarmente democr?ticos pero que quiz? no deber?a darse en un proceso que s? que tratan de mostrarse como aut?nticamente ejemplares desde el punto de vista de la democracia protag?nica.

3. Una gesti?n econ?mica ambivalente

Venezuela es el primer pa?s rico (aunque empobrecido) en el que se hace una revoluci?n. Eso es lo que est? permitiendo la fortaleza de las pol?ticas redistributivas y su indiscutible efecto positivo en las condiciones de vida de la poblaci?n; y tambi?n, lo que facilita resolver el juego de equilibrios que la revoluci?n se propuso alcanzar desde sus primeras formulaciones estrat?gicas.

Pero tambi?n en el campo econ?mico aparecen espacios y pol?ticas ambivalentes.

Por un lado, el gobierno ha sido capaz de realizar una gesti?n macroecon?mica que ni siquiera el Fondo Monetario Internacional ha podido condenar puesto que ha logrado mejorar progresivamente los principales registros convencionales: crecimiento, inflaci?n (aunque de modo muy difucultoso en los indicadores convencionales y menos a?n en los ?ltimos tiempos), deuda, tipo de cambio, recaudaci?n fiscal... .

Por otro, y al mismo tiempo, el gobierno impulsa con decisi?n, aunque l?gicamente con ?xitos desiguales, una estrategia a largo plazo orientada a consolidar una nueva estructura productiva basada en el desarrollo end?geno de sus recursos y capaz de superar la t?pica desvertebraci?n, desindustrializaci?n y dependencia que genera el neoliberalismo. Para ello ha de promover nuevos tipos de propiedad, principalmente a trav?s de cooperativas y de gesti?n de los recursos, a trav?s de la puesta en marcha de una ambiciosa reforma agraria .

Pero ambos espacios de la pol?tica econ?mica a veces terminan por ser contradictorios puesto que la estrategia macro de gesti?n m?s o menos convencional de la demanda agregada requiere cierto equilibrio y pacto con los grandes poderes y mantener un cierto respeto a los par?metros estructurales tradicionales de la econom?a, especialmente en el campo financiero. Por otro lado, sin embargo, la estrategia orientada a abrir nuevas v?as de desarrollo productivo obliga a disponer de recursos hasta ahora en manos de esos poderes olig?rquicos y a vencer los obst?culos que la gran propiedad suele ir generando. Algo que es fundamental porque, por regla general, en el ?mbito de la nueva econom?a se carece de los soportes estructurales (mercados, redes de transporte, sinergias empresariales...) imprescindibles para consolidar los cambios con la celeridad que ser?a de desear.

Esa ambivalencia (que a menudo se manifiesta como franca contradicci?n) produce en ocasiones efectos bastante indeseables: la pervivencia de restos del poder olig?rquico, por un lado, y demasiada frustraci?n y fracasos en la puesta en marcha de experiencias alternativas, por otro. Y la consecuencia de ambos, a su vez, es la persistencia de graves vicios estructurales propios de las sociedades olig?rquicas como el alt?simo grado de corrupci?n o la inexistencia de una administraci?n p?blica m?nimamente eficiente. Contra el primero no se avanza suficientemente y contra el segundo se ha dado como soluci?n la creaci?n de Misiones (una aut?ntica administraci?n paralela) que no ha podido suplir hasta ahora la fundamental carencia de partida

4. La proyecci?n externa de la revoluci?n bolivariana

Las lecturas m?s simplistas de la indisimulable proyecci?n exterior de la revoluci?n bolivariana quieren hacer creer que el papel referencial que adquiere especialmente para todo el continente latinoamericano deriva de las veleidades personales del Presidente Ch?vez, a quien quieren presentar como empe?ado en convertirse en una especie de nuevo Bol?var.

La cuesti?n desde luego que no es ?sa.

En nuestra opini?n, la reflexi?n que casi constantemente se viene produciendo entre el proceso de cambio en Venezuela y los procesos (sean de la naturaleza que sean) que se dan en otros pa?ses latinoamericanos, es inevitable y tiene razones muchos m?s profundas que nos limitamos a mencionar brevemente.

En primer lugar, se da porque la emergencia del nuevo sujeto pol?tico al que nos hemos referido antes no es nacional, sino continental.

En segundo lugar, porque la naturaleza de los procesos que inevitablemente hay que poner en marcha no ya para superar radicalmente, sino incluso para aliviar los desastres que ha producido el neoliberalismo llevan a quien los inicia a actuar en un espacio internacional en el que ya es inexcusable encontrar la referencia y la presencia de Venezuela.

En tercer lugar porque las respuestas que se den a las proposiciones de integraci?n provenientes de Estados Unidos y que, obviamente, implican definitivas y tremendas desventajas para las econom?as latinoamericanas, por m?nimas que sean ponen sobre la mesa tambi?n de forma inevitable otro tipo de alianzas alternativas, que Venezuela promueve con especial inter?s para fortalecer su propio proceso interno.

Por ?ltimo, porque la posibilidad de llevar a cabo programas de redistribuci?n y bienestar a escala continental gracias al hecho mencionado de que Venezuela sea un pa?s rico (algo que constituye un ejemplo mundial y sobre lo que los grandes poderes guardan un vergonzoso y vergonzante silencio) suscita como es natural una enorme simpat?a y favorece la puesta en marcha de proyectos de integraci?n basados en principios solidarios claramente contrarios a los neoliberales que sembraron de miseria a la regi?n.

L?gicamente, el problema de esta inevitable conexi?n entre el proceso venezolano y la pol?tica general del continente es lo que suscita un multiplicado temor en los grandes poderes y muy especialmente en Estados Unidos.

5. Los ejes de la proyecci?n internacional de la revoluci?n bolivariana

Conviene se?alar aunque sea sumariamente los grandes ejes de la proyecci?n exterior de la revoluci?n que van mucho m?s all? de lo que los medios imperiales quieren hacer ver.

Al contrario de lo que estos divulgan, su proyecci?n exterior no se ha reducido a intervenciones orales de su presidente en foros, encuentro o cumbres, que tantas veces se manipulan de manera caricaturesca.

Las decisiones que viene tomando Venezuela en el terreno internacional no s?lo son m?s trascendentes, sino que hasta el momento vienen desarroll?ndose con un ?xito y a una velocidad que ni los m?s optimistas hubieran pronosticado y eso, aunque es verdad, a su vez, que no se trata de l?neas definitivamente consolidadas. Podemos concretarlas en cuatro ejes principales de actuaci?n.

En primer lugar, se ha realizado un reposicionamiento estrat?gico en las alianzas de la regi?n renunciando a la Comunidad Andina e ingresando como socio del Mercado Com?n del Sur. De esta manera se ha materializado el alejamiento de aquellos pa?ses que negocian tratados de libre comercio con Estados Unidos (Colombia y Per?) y se ha acercado a aquellos que impulsan un modelo regional (Brasil y Argentina).

En segundo lugar, se ha fortalecido una alianza m?s estrecha y la cooperaci?n econ?mica con aquellos pa?ses que han elegido gobiernos cercanos pol?ticamente y que no disponen de recursos financieros inmediatos para consolidar las primeras etapas de sus mandatos, como son los casos de Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

En tercer lugar, se han intensificado los lazos bilaterales con Argentina y Brasil, impulsando iniciativas como el Banco del Sur, que concentrar? 7.000 millones de d?lares de las reservas internacionales de los tres pa?ses y comprando deuda p?blica de estos gobiernos, que en el caso argentino se estima que alcanz? los 1.500 millones de d?lares.

En cuarto lugar, se han consolidado alianzas con los pa?ses que hoy en d?a representan los contrapesos m?s importantes de la hegemon?a global estadounidense (China e Ir?n, principalmente).

Finalmente, ha desarrollado una pol?tica de cooperaci?n energ?tica en Centroam?rica, Ecuador y China e impulsado la creaci?n de la Organizaci?n de Pa?ses Productores y Exportadores de Gas del Sur con Bolivia y Argentina.

6. Actualidad y horizontes de la pol?tica exterior bolivariana

El pol?tica externa del gobierno del Presidente Ch?vez disfruta de ciertas ventajas que le permiten albergar la posibilidad real de alcanzar sus objetivos.

Por una parte, est? logrando configurar, aunque l?gicamente con grandes dificultades, un bloque de pa?ses que no comparten los planteamientos de la hegemon?a norteamericana y en funci?n de este consenso b?sico han logrado estrechar alianzas geopol?ticamente estrat?gicas.

Por otra parte, el mercado energ?tico parece mantenerse inestable, retrasando cada vez m?s la anunciada ca?da de precios y el impulso que se quiere dar a los biocombustibles como el etanol para reemplazar al petr?leo, en el que se basa, de momento, la obtenci?n de recursos por parte de Venezuela.

Sin embargo, en el ?mbito externo nada est? dicho a?n. Primero, porque los componentes capitalistas de la econom?a China son m?s fuertes que nunca y el abastecimiento externo que viene realizando no es especialmente comprometido con Venezuela, pues el pa?s asi?tico parece responder m?s a l?gicas de mercado que a l?gicas geopol?ticas.

Segundo, porque la voluntad de apoyo regional puede ser fuerte por parte de los gobiernos suramericanos pero el margen pol?tico en el que estos se mueven es mucho menor que el de los venezolanos. As?, el presidente Lula se ve obligado a acompa?ar los gui?os hacia un sector (como el apoyo al Banco del Sur) con los gui?os hacia el otro costado (apoyando acuerdos energ?ticos con Bush desde Camp Davis), una doble posici?n que dificulta alcanzar equilibrios globales en el continente m?s avanzados.

Finalmente, porque Estados Unidos no ha abandonado la presi?n, sino que cabe esperar que pronto (quiz? en cuanto comience a liberarse de compromisos en Oriente Medio) vuelva a retomar la problem?tica latinoamericana con mucha mayor y peligrosa atenci?n.


Juan Torres L?pez es catedr?tico de Econom?a Aplicada de la Universidad de M?laga (Espa?a). Su web personal www.juantorreslopez.com.

Mauricio Matus es doctor en Ciencias Econ?micas e investigador contratado de la Universidad de M?laga y del Centro de Estudios Econ?micos (Fundaci?n Tomillo).

Tags: revolución bolivariana, Hugo Chávez, socialismo, Caracas, Pueblos, Juan Torres López, Mauricio Matus López

Comentarios
Publicado por vvv
Lunes, 20 de agosto de 2007 | 1:30
aja, muy bonito todo eso, pero si eso es verdad de que Vzla estaba empobrecida y que ahora somos el non plus ultra gracias al magnanimo chavez, como es posible que hayan mas pobres, mas inseguridad, que la riqueza se esfume como polvo, que el pais este tan caro como Suiza o Francia, que con un barril de petroleo a 75 dolares con el capital humano qu existe, con los capitales extranjeros disponibles como estan, no haya todavia un pais real???????? Solo proyectos, solo misiones, el grueso de los recursos se va e armas, para propiciar una guerra imposible de ganar y para mantener al inmantenible e inservible de fidel en su silla.Se olvida a los pobres, o mejor se les hunde mas para mantenerlos ciegos, y se les dice que todo va bien,se transforma su frustracion en odio contra los que si tienen y contra todo ente que prospere.el Socialismo es envidia,y chavez con sus ratas son traidores.
Publicado por REVOLUCION_CHE
Domingo, 26 de agosto de 2007 | 23:16
No es verdad, amigo Triple V, puedes estar tranquilo ya que eso que dices es simplemente mentira, alguien te enga??. Ni hay m?s pobres (trae pruebas de lo que dices porque las pruebas de ONU, por ejemplo, dicen lo contrario) ni Venezuela igual de cara que Francia y Suiza (te lo digo yo que s? de lso precios en Venezuela y en los otros dos pa?ses europeos). Deja de exagerar e inventar y si no trae al menos pruebas, nada es as? porque s?.

Saludos.
Publicado por vvv
Lunes, 27 de agosto de 2007 | 2:54
y daaaaaale con la ONU, chavez dice que la onu es una caca, uds dicen que es una caca, la ONU dice que en vzla esta mejor, listo, chavez y uds dicen que la onu es un ente serio, decidanse!!
Aja, si en Vzla no hay mas pobres como explicas tu que hayan hoy cosas que no habian antes??? como por ejemplo: el rancherio loco en las bases de todos,todos los puentes de caracas??? mas buhoneros??? que cada vez hay mas ninos en cada semaforo haciendo malabares??? como explicas que haya mas inseguridad, que los indices de prostitucion y trafico de ninos sea mayor??? la apatia en arreglar cualquier estructura, sea puente, acera, alcantarillado, calle, nada che, nada lo arreglan!!! esas son mis pruebas, que son mas fuertes claras visibles y palpables que las pendejadas que venga a decir la ONU ahora sobre Vzla, o los numeritos que tu traigas. Tu vives de numeros, porque no eres mas que un epectador, yo vivo cada segundo el derrumbe de esta sociedad,asi que no me vengas con retorica de numeritos
Publicado por REVOLUCION_CHE
Lunes, 27 de agosto de 2007 | 23:27
La ONU es una caca, as? te lo digo yo tambi?n. Pero te saco esas estad?sticas de la ONU para que veas que a pesar de ser un organismo capitalista ni ellos niegan los avances y logros en Venezuela.

?Comprendes ahora?
Publicado por vvv
Mi?rcoles, 29 de agosto de 2007 | 3:51
como quieres que crea la anu o la oea o la unicef, ni que baje dios le voy a creer cuando veo lo que veo deia a dia en Vzla! Vente pa que lo veas! hechos concretos matan encuestan papa!

vvv

PD:el capitalismo no es malo, lo malos son los seres humanos che! es como el comunismo, es maravilloso, nosotros lo hacemos horrendo