Soledad
Gotas de silencio sobre justicia de hielo,
vendida su alma, humillado su cuerpo;
golpe tras golpe se derrumba su ego,
justicia educada por maestro de acero.
Vistiendo de luto largas tardes de invierno,
aroma a café y sobremesa de miedos;
con su verdugo en su cama de infierno,
con el dolor grabado en su cajón de recuerdos.
En noche cerrada desgarrando su sueño
con la mirada errante maldice el tiempo;
Cenicienta prendada de ropaje hogareño,
con delantal de plomo y alianza de hierro.
No es princesa ni su historia es un cuento,
no es mujer sino pájaro presa del miedo;
es niña ultrajada por el paso del tiempo,
vive sola en función de teatro grotesco.
Ya no sabe del calor del Sol primaveral,
ya no sabe del brillar de la Luna en sus ojos,
ya no sabe del sabor de los besos sinceros,
ya no tiene más compañero que soledad.
Soledad reclamó su orgullo,
Soledad maltrató al desprecio,
Soledad se aferró a lo suyo
y su dignidad ya no tiene precio.
"A esa mujer que rompió cadenas y hoy vive en libertad."
Kike Sánchez, a 21 de febrero del 2004.