Lunes, 18 de junio de 2007

El Mar de la Desidia

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?Nuestras vidas son los r?os que van a dar a la mar...?


Y al despertar, alz?base ante m? aqu?l paisaje b?blico extra?do del Apocalipsis. A pesar de conocer con detalle las at?vicas escrituras, no todo cuanto se hallaba en ?ste lugar de pesadilla se hac?a corresponder con ellas.

Yac?a mi pesado cuerpo sobre el f?tido fango de la ci?naga que me rodeaba. Ac? y all? y por doquier que pasease mi mirada, el espeso l?quido que rezumaba de las entra?as del averno humedec?a la superficie tint?ndola de rojo vivo. Sacando fuerzas de flaqueza, consegu? incorporarme. Luego, dirig? mis pasos sin fin hacia el lejano horizonte que se desdibujaba en el infinito.

El calor era sofocante, el cielo presentaba la m?s absoluta oscuridad y mi deambular se me antoj? interminable hasta que divis? un peque?o arroyuelo que recorr?a la inmensidad. Al llegar a la orilla, clav? mis rodillas en la arcillosa tierra y me inclin? para beber de sus aguas, sediento de vida, buscando saciar mi pesar. Agit? ambas manos en el caliente fluido que serpenteaba en el arroyo y me dispuse a beberlo cuando, horrorizado, pude comprobar que no se trataba de otra cosa sino de la omnipresente sangre que regaba aquellos parajes. Conmocionado y abatido por tal acontecimiento, me dispuse a proseguir mi camino, con las manos manchadas por completo. Avanc? tembloroso entre el c?lido flujo vital y sin mayor problema alcanc? la orilla opuesta, mojado hasta la cintura.

Perdido en la desidia de este mundo de ultratumba, march? pesaroso y con el coraz?n en mi pu?o apretado. Quise saber de mi vida pasada, divagando en borrosos recuerdos; exprim? mi cerebro atrofiado, sin obtener recompensa; es m?s, sent? que junto a mis fuerzas, se marchaban los anhelos de mi vida.

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Camino de lo incierto, llegu? a un bosque frondoso. La maleza dificultaba mi visi?n a cada paso que daba, enormes ?rboles que se hund?an en el negro cielo dibujaban vagas formas de fantasmag?rico aspecto. El suelo estaba encharcado, una vez m?s, como consecuencia de la sangre, que descend?a atra?da por la ligera pendiente de todo el terreno en direcci?n al arroyo que anteriormente me encontrase. Avanc? con sigilo, notando en mis pies descalzos el h?medo fango y la suave caricia del fluido. La densidad de la vegetaci?n hac?a mi avance lento y agotador, mis debilitados brazos abr?an paso a lo desconocido.

Poco a poco hab?a cedido la vegetaci?n hasta quedar el camino definitivamente despejado. Fue entonces cuando me asaltaron las dudas e inmediatamente cuando encontr? respuesta a mis preguntas.
?D?nde estaba la gente de este lugar? ?Cu?ndo acabar?a mi soledad? ?Tendr?a fin esta pesadilla? ?Quiz? est? so?ando?- pens?.

La inmensa llanura supuso una peque?a bocanada de aire fresco, pero a?n no era consciente del macabro espect?culo que estaba a punto de presenciar.
Tras algunos minutos de continuo deambular, y sin novedad alguna, llegu? a la ladera de una gran colina. All?, fui testigo de lo incre?ble.

Una multitud de cuerpos en descomposici?n cubr?an el lugar, el calor apretaba con m?s fuerza que en cualquier otro paraje de los que ya hubiese visitado y un fuerte olor p?trido envolv?a el ambiente. Nubecillas de moscas revoloteaban por todos lados disfrutando del generoso fest?n y la sangre, omnipresente como siempre, descend?a por la colina y brotaba de algunos cuerpos que permanec?an frescos a?n, dando al triste paisaje unas pinceladas de color. Para mayor sorpresa, algunos de los cuerpos humanos todav?a caminaban e iban ascendiendo por la colina y dejando tras de s? un reguero de color rojo vivo. De lamentable aspecto y pr?cticamente despose?dos de alma, aquellos perdidos lanzaban quejidos de sufrimiento a cada instante transcurrido. Unos dispersos y otros en comitiva, todos compart?an el fatal destino sin meta o recompensa alguna. Desangr?ndose paso a paso, avanzaban arrastrando su condena hasta que, vencidos por la agon?a, se desplomaban entre gemidos. Apenas causaban estr?pito en su ca?da, pues daban la sensaci?n de ser ligeros como plumas. Todos juntos se iban amontonando, de modo que los cad?veres m?s recientes quedaban en la superficie del gran amasijo en descomposici?n y los m?s antiguos desaparec?an poco a poco engullidos por la fangosa tierra. Algunos consegu?an llegar a la cima de la colina, una vez all? perec?an igualmente.

Entre tanto cavilar, y casi sin percatarme de ello, yo hab?a comenzado a padecer lo mismos s?ntomas que mis desgraciados acompa?antes. Mis poros, expulsaban a presi?n delgados hilos de caliente sangre al ritmo que marcaban los latidos de mi coraz?n, por lo cual se disparaba el riego cuando ?ste bombeaba. Mi cuerpo se debilitaba de modo gradual al tiempo que se nublaba mi visi?n. Mi deambular, supuso un tormento cuando comenc? a subir la colina. Breves instantes despu?s, mi piel se torn? p?lida y reseca, motivo de la deshidrataci?n m?s inhumana.
Con grandes esfuerzos, consegu? alcanzar la cima de aqu?l calvario y, una vez all?, quise gritar con todas mis fuerzas, en plena degradaci?n de facultades.

Cambi? el curso de tan fatal destino cuando mi alma, a punto de desvanecerse y correr la misma suerte que aquellos desafortunados, despert? de repente iracunda de su letargo. Con fuerza, y surgido de mis entra?as, un estremecedor grito de desahogo recorri? mi interior y desga?it? mi garganta desatando a su paso tormentas en el cielo muerto. La necr?polis enmudeci?, ya no se o?an ni los amargos gemidos ni el salpicar de los pies en el lodo. Se arremolinaron los vientos sobre la faz de la tierra y tembl? ?sta expresando su furia. En contra de toda ley natural originaria de este lugar, mi alma empez? a desprenderse de mi carne como la cris?lida de su vieja piel, por voluntad propia. Estall? mi pecho causando gran estruendo y todo su armaz?n se resquebraj?; se desgarr? mi carne podrida, separ?ndose de sus huesos que se hac?an ceniza y que luego el viento se llevaba esparci?ndola por el no-mundo. Algunos pedazos ca?an rodando colina abajo.
Finalmente, tras abrirse paso entre los ?ltimos vestigios, mi yo se evadi? al infinito, mecido por el delicado soplo de la libertad, gratificado por cambiar el curso del destino. Tanta soberbia dur? tan s?lo algunos instantes, hasta que volv? a recordar el infierno en el que me hallaba inmerso.

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A partir de ese momento, pod?a viajar con el viento a mi antojo por tales tierras de pesadilla, pod?a contemplar a la gente en su tortuoso camino hacia la necr?polis de la colina, escuchando sus angustiosos lamentos y sin poder socorrerlos, y pod?a tambi?n, sentirme afortunado de no hallarme inmerso en el Mar de la Desidia. Que ridiculez tan extrema el sentirme privilegiado por todo aquello.

En el Mar de la Desidia se acababan mezclando todas las almas que, desde la necr?polis hasta ?l, llegan atravesando el frondoso bosque y confundi?ndose en la sangre de los arroyos que recorren la tierra. La sangre no es otra cosa sino el transporte de las almas, fluir constante que da pinceladas de color y vida a un paisaje muerto. Yo, desde el apagado manto celestial, escucho con resignaci?n los lamentos ahogados que surgen del eterno mar del dolor. Aqu? ya no existe el pasado, se esfumaron los recuerdos. He perdido la noci?n del tiempo. ?Tendr? fin tanto sufrimiento?



Kike S?nchez
Escrito entre el 5 y el 8 de junio de 2000.



Tags: mar, desidia, vida, muerte, sangre, terror, infierno

Comentarios
Publicado por Despistado
Martes, 19 de junio de 2007 | 14:56
Amigo! maravilloso tu relato; no soy quien para calificarlo pero siento que es estupendo; quiz? con un peque?ito grano de valent{ia y determinaci?n podriamos contagiar a muchos para no hundirse en ese horrible mar de la desidia.
Un abrazo
Adriana
Publicado por REVOLUCION_CHE
Martes, 19 de junio de 2007 | 14:58
??Me alegro de que te guste, Adri!!
Ya ir? colocando algunos m?s.

Saludos.
Publicado por Pato
Martes, 26 de junio de 2007 | 1:17
No tengo claro quien mando tu cuento, pero debo agradecerlo. Parece conocerme. Siempre fui de elucubrar historias sobre los posibles horrorosos finales a la que la humanidad se dirige y me placi? enormemente este relato y su tono po?tico. Abrazo y mucha merde. Cu?c!
Publicado por REVOLUCION_CHE
Mi?rcoles, 27 de junio de 2007 | 15:16
Me place que te gustase el relato, amigo Pato, lo escrib? yo mismo hace ya unos 7 a?os. Como puedes comprobar,si pinchas en la sesi?n de "Relato social" (en el men? de la derecha) encontrar?s alguno m?s. Tambi?n tiene en el mismo men? la sesi?n de poes?a, en la que hasta el momento hemos participado varios autores.

Saludos y espero que sigas ley?ndonos.