Viernes, 04 de mayo de 2007

"El ?ltimo suspiro"


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Hugo Hern?ndez, el mismo que hubiera sido fiel al Cuerpo de Polic?a Nacional durante m?s de treinta a?os, acababa de ser retirado por improcedencia en el cumplimiento de sus obligaciones.

Entre cavilaciones y murmullo desfogado acariciaba con delicadeza el ca??n de su Colt y, mientras tanto, pensaba una vez m?s en la monoton?a de su vida tornada por la rueda de la fortuna. Sentado en la cama matrimonial de su habitaci?n y apoyado en tan robusta cabecera, alarg? el brazo hasta una peque?a mesita de noche, hecha con madera de roble, para alcanzar un proyectil de 9mm; luego lo introdujo en el tambor del arma y lo hizo girar con el brillo de sus ojos, humedecidos por perezoso desfile de recuerdos. De un golpe seco con la palma de su mano detuvo el girar decadente, encajando la pieza en el hueco.

Tantos a?os de trabajo... Compa?eros y superiores le atormentaban aquella calurosa noche de agosto. Hugo comenz? a golpear con el pu?o cerrado e iracundo la pared, marcando en ella sus nudillos, sangre y desesperaci?n.
Encauz? firme el rev?lver, clav? el ca??n en su sien y sin dudarlo apret? el gatillo...
Un t?mido ?clic? escap? del diablo de acero seguido de un amargo suspiro. Luego comenz? a re?r entre dientes, tal vez todo aquello no fuera suficiente motivo para dejar de vivir.

El ex-polic?a se levant? del alborotado lecho que le engull?a, tom? un peque?o vaso de cristal del minibar de su habitaci?n y lo colm? de DYC. A temperatura ambiente y de un solo trago el alcohol se desliz? por su garganta. Acto seguido se incorpor? de nuevo sobre un mar de dudas.

Pens? en los ?ltimos meses transcurridos, entre trago y trago de alcohol. Sab?a que el whisky calmaba el dolor de sus heridas, si embargo en cuesti?n de minutos volv?an a abrirse. Droga fatal, droga tan fiel y adictiva que le hab?a sumido en un abismo de desolaci?n . Sin vacilar, una vez m?s, apunt? de nuevo a su sien con el ca??n del arma que sujetaba y, con sabor amargo, apret? nuevamente el gatillo y... otro ?clic?, golpecito apagado de metal que trajo de nuevo un suspiro.

?Y sus hijos? ?D?nde estar?an ahora? Ernesto y Miguel hab?an abandonado C?rdoba para establecer un peque?o negocio de Inform?tica en La Diagonal de Barcelona hac?a ya pr?cticamente catorce a?os. Ahora, varios meses atr?s llegaban sin noticia alguna sobre ellos para Hugo, desde que tuviesen fuertes discusiones motivadas por el alcohol y su situaci?n hostil.

?Es que nadie comprend?a a Hugo?
El verdugo de metal amenazaba por tercera vez la cabeza de nuestro amigo, casi sin dudar. Y a la tercera... ??clic!?. Esta vez no hubo suspiro que asomase entre sus labios, en su lugar, un vago resoplido de coraje.

Volvi? a apretar el gatillo y vino precedido nuevamente de un ?clic? y otra vez m?s... esta vez la Parabellum se encasquill? apiad?ndose de la suerte de Hugo que dictaba sentencia.

Sin precauci?n alguna abri? la rec?mara del rev?lver, cambi? el proyectil de su interior por otro del caj?n de la mesita y gir? por segunda vez el tambor antes de cerrarlo.
Descansando sobre un armario, su esposa le observaba enmarcada en aqu?l retrato de boda que tan dulces recuerdos trajera a la dolida mente del hombre. Pens? entonces en Elvira, dulce castigo, aunque tal vez el ?nico motivo para seguir viviendo. Hugo la segu?a amando tanto o m?s que anta?o y quiz?s esto hubiera sido motivo m?s que suficiente para seguir adelante. Pero ella, tras discutir varias veces con su depresivo esposo en estos ?ltimos meses, hab?a decidido pasar unos d?as fuera, supuestamente en casa de su madre. Hugo sab?a que no volver?a, pues testimonio de que hab?a una tercera persona y certificado de seguridad eran aquellos versos que tintaban folios enteros y que hab?an suplantado sus poemas de adolescencia para Elvira.

Sin embargo, los pron?sticos anticipados de Hugo, regados con grandes dosis de celos, pocas veces le trajeron buenos resultados. La realidad esta vez parec?a bien distinta pero tampoco sus premoniciones se antojaban firmes.

Una vez m?s enca?on? su sien, ahora tembloroso su pulso y llorosos sus ojos, embriagado en recuerdos y ahogado entre sollozos de hiel. Hugo fue apretando el gatillo de manera gradual, s?ntoma inequ?voco de la indecisi?n que el tiempo le iba creando. Pensando en Elvira y por un momento, el ?tic-tac? del reloj de pared pareci? detenerse. Se arropaba entre tanto con la fr?a soledad, acurrucado en el hueco que ella hab?a dejado en su vida.

Segundos despu?s, el tiempo transcurri? tan lentamente que pareci? no querer seguir adelante jam?s. El gatillo del rev?lver toc? fin. En aqu?l preciso instante la puerta de la habitaci?n de Hugo se abri? de par en par y ?ste clav? su mirada en la femenina figura que se contorneaba en la penumbra. Era sin duda Elvira, por cualquier motivo hab?a regresado. Al dar un paso adelante su cara se ilumin? empapada en llanto, justo entonces la mujer comenz? a articular palabra: ?Hugo...?

Un estruendo ensordecedor quebrant? la armon?a de la noche.



Kike S?nchez (REVOLUCION_CHE).


Del libro de relatos "Un portal de palabras". Ver m?s acerca de este libro y su contenido pinchando aqu?: " Un portal de palabras "



Tags: último suspiro, Policía Nacional, Kike Sánchez, Ociojoven, relato corto, libro

Comentarios
Publicado por Patry
Viernes, 04 de mayo de 2007 | 20:11
Art?culo conmovedor donde los haya, es crispante algunas palabras... pero lo veo bien para expresar la agon?a que existe en algunas personas. Me gust? el articulo, no ahora, si no de algun tiempo antes que lo conoc?. Sigue asi, lo mereces.
Un saludo!! Chica