A la memoria de Elena
Suave se mece la noche
tras la ventana del tiempo,
ahoga la Luna sus besos
en el cielo que yace muerto.
Destellos de luz en la tele
y en el sofá Tomás rezagado,
en su mano una cerveza
y en su mirada amor terciado.
Siente en su piel el aliento
de aquellos labios de seda;
en sus ojos el tormento,
en su memoria Elena queda.
Duerme abrazado al recuerdo
de sus caricias perdidas,
de madrugada arropado
por el manto del silencio.
Despierta en la noche fría,
fría la cama sin ella;
recorre caliente su mejilla
una lágrima serena.
En la mesita un retrato
con la sonrisa de Elena
vela eterno a su lado
En el Paraíso le espera.
"Dedicado a aquél anciano solitario al que devoraba la rutina de una vida cansada sin más compañera que la soledad desde hacía algún tiempo."
REVOLUCION_CHE
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