MUERTE EN VIDA
Cabizbajo camina el romeo
que rechazado se aleja;
volcán ardiente e inconosa
la herida de donde brota
carmesí oro que le abandona
Más acaso ¿eso le mata?,
¿es de muerte la ingrata?
¡no es por eso que muero!,
¡no es por la insulsa herida!
es por que mi amada
fijo la hora de mi partida.
Romeo de plaza, romeo mío,
¿cómo curar hoy tu alma
si en espíritu no deja
aquella que marco la vía
que se acerque la que te ama?
Mas tú en delirio, invocándola,
a la muerte, dulce amante, recibes;
y así, con amor ferviente
dejas a la que en suspiros
te entrego, pobre ingrata, su vida.
Llorando van caminando
quienes te vieran en vida;
solo una no abre puerta
y sigue placidamente dormida:
aquella que muerte te dio en vida.
Tags: Poesía, amor, México