En Lima el agua y el dinero sobran… Y quienes lo duden solo deben preguntárselo al representante de la putrefacta derecha peruana y alcalde de Lima (por obra y gracia de los milagrosos medios de desinformación masiva) Luis Castañeda Lossio, quien recordando su origen político y su ganada imagen de dictadorzuelo presentó la pasada semana a la nación su última perla, se trata de la remodelación de un espacio público conocido como el Parque de la Reserva, que servía como reunión para distintas agrupaciones y sectores peruanos. La remodelación consistió en una mejora plausible del área verde de dicho centro de recreación, pero no termino ahí, ya que hoy en el Parque de la Reserva se estrenaron 13 piletas que costaron la casi insignificante cifra de 13 millones de dólares.
Una de las piletas del despilfarro…
El 40% de los peruanos no tienen derecho al agua (según cifras de la ONU), estos hombres “sin derecho” deben comprar agua potable o adquirirla lejos de sus viviendas de cisternas o estanques, para luego transportarlas hasta su hogar. El agua utilizada en las “piletas del despilfarro” calmaría la sed de todos (o casi todos) los niños, hombres y mujeres “sin derecho”.
Cisterna proporcionando agua en mínimas cantidades y sin ningún control de higiene… Sucede todos los días en Perú.
Las inmensas piletas que contrastan con la extrema pobreza de los asentamientos humanos limeños, recordando las suntuosas Cortes del absolutismo, constituyen una burla para el pueblo peruano, que pagará con sus impuestos el mantenimiento de las lujosas piletas.
La impotencia de diversos sectores (que comparto), no sería tal si el renovado parque estuviera a disposición del pueblo, debido a la naturaleza pública del espacio, pero la realidad es diferente, ya que el objetivo de la remodelación es puramente lucrativo, el ingreso al parque estará condicionado por el pago de una entrada, restringiendo así el ingreso al pueblo peruano… El objetivo: “fomentar el turismo”, es decir, nosotros pagaremos para mantener un “entretenimiento” de extranjeros.
No quiero terminar este artículo sin mostrar mi admiración por el dictadorzuelo limeño y el genocida del palacio presidencial, por descubrir que existen seres humanos sin derechos fundamentales. Hombres, mujeres y niños, cuyas vidas importan menos que una buena decoración, vidas que importan menos que unas “buenas piletas”.
André
Estudiante de Derecho de la UNMSM
Lima, Perú
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