martes, 13 de marzo de 2007
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"Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla"



“De Madrid al cielo”


Parece que fue ayer cuando cientos de viandantes apresurados se encaminaban a sus trabajos, universidades o cualquier otro destino por las ajetreadas calles de Madrid a tempranas horas de la mañana: las 7:30.
Trabajadores, jóvenes, trotamundos... humildad, sencillez, ilusión... vida en definitiva, marchaban aún dormidos pero apresurados por el estresante motor que mueve la Capital. Eran las 7:37, cuando un fuerte estruendo les despertó de su letargo rutinario dentro de los vagones del tren que les llevarían a su destino, que esta vez no sería el mismo que el de cada día. Sucedió en la “Estación de Atocha”. Caían las primeras víctimas, el desprecio golpeaba a los primeros inocentes de una cadena de explosiones que se cebarían con el pueblo llano, obrero y universitario aquél fatídico amanecer de ceniza. Los heridos corrían de un lado a otro por los vagones del tren entre más heridos y cadáveres, encogidos sus corazones por lamentos, desesperación e impotencia. Poco podían hacer para apaciguar la situación de caos y para socorrer a los más necesitados, pues unos segundos más tarde explosionaban otros dos artefactos en distintos vagones. Seguidamente, continuó la serie de estruendos haciendo eco en la inmensidad de Madrid, clamando al cielo ahora desde las estaciones de “El Pozo” y “Santa Eugenia”. El desenlace llegó con 192 muertos y más de 1.500 heridos.

Esta es la triste crónica de aquél doloroso 11 de marzo de 2004 en el que todos los españoles despertamos sobrecogidos por la noticia y ahogados en el horror y la sinrazón. Fueron, sin duda, el café más amargo y la tostada más fría y dura que jamás hayamos engullido en el desayuno más insípido de nuestro despertar.
Brillo en los ojos, humedad que aflora del recuerdo y que asoma desde lo más profundo del alma, así nos sentiremos cada 11 de marzo, tal y como lo hiciéramos en el 2004 e igualmente indignados. No debe quedar la cosa en puro dolor y resentimiento, debe servir para ver más allá, para arremeter contra todo tipo de desorden y desestabilización de nuestra paz, contra todo tipo de fanatismo demencial, ya sea religioso, político o de cualquier otra naturaleza. Es lo que esperan de la sociedad española los heridos de aquella masacre, los que perdieron a sus seres queridos y los que se fueron a destiempo. Ya no vale compadecerse sino actuar.
No basta con no olvidar si no nos sirve de revulsivo para mejorar día a día y hacer de éste mundo un mundo más justo y solidario. Debemos tomar conciencia y denunciar todo aquello que hace mal a un país, sea cual sea su situación geográfica. Tampoco debe servir como pretexto para encender la llama del odio y la xenofobia.
Todos aquellos que padecieron este atentado contra la vida y la libertad del pueblo humilde, víctimas y colaboradores desinteresados, representan el dolor de una nación y reivindican un cambio radical en la sociedad y los sistemas de gobierno. Por todo ello, por todos ellos y por nosotros debemos concienciarnos de la importancia de un mundo más justo para todos. Sirva de ejemplo al resto del planeta.

Nada podrán hacer las bombas donde sobre corazón.
De Madrid al cielo. Luchemos por que la historia no se repita jamás.




Kike Sánchez, a 11 de marzo de 2005 (revisado a 13 de marzo de 2007).





Hace un año nos preguntamos "por qué", ésta es mi respuesta pero no la que seguimos buscando.


¿Por qué?


Rasgando el alba de ceniza y espanto
asoma el desprecio en rojo pintado;
redoblan los cielos entre gris y llanto,
arrecia en las calles el dolor ahogado.

Lejos del andén, de la estación del amparo,
ilusiones escapan por renglones quebrados;
lejos el “por qué” y un futuro robado
por el despecho cobarde de rencores pasados.

Vidas de cobre como moneda de cambio
para la arrogancia latente del poder enmascarado;
figuras de cristal en un mundo asfaltado
hacen de su rutina un deambular peligroso y amargo.

Pajaritas de papel arden en la hoguera del desamparo,
crespones de impotencia claman amordazados,
bastón sobre bastón golpea el rosal sin reparo
y en amanecer de cieno se lamentan ideales mutilados.

¡¡Jaque al peón!!, larga vida al rey en su trono sentado,
partida en tablas y se reinicia el juego macabro;
¡¡jaque al peón!!, vida inútil y destino marcado,
principio y final de un juego de vanidad y engaño.

¡Que vergüenza marchar vestido
de terciopelo tupido y engalanado!
¡que vergüenza traficar con ilusiones,
de robar la palabra de un pueblo alzado!





“Dedicado, sin más, a aquellos que padecieron el golpe irracional del odio y la prepotencia de malos poderosos y buenos corruptos en aquél fatídico 11 de marzo del 2004. En nuestra memoria queda, sírvanos para avanzar en el camino de la fraternidad y no para quedar atascados en el tortuoso deambular del rencor y la violencia.
Un solo deseo para y con los pueblos del mundo: PAZ.”


Enrique Sánchez Rodríguez, a 15 de marzo de 2004.

Tags: Madrid, atentados, islámico, terrorismo, terrorista, tren, bombas

Comentarios
Publicado por Patry
martes, 13 de marzo de 2007 | 23:25
Muy bueno el articulo... no recordaba tanta pena y tanta angustia por algo que habia pasado, pero es la realidad, paso y me parece mentira que hayan pasado ya 3 años, como pasa el tiempo!! Yo, como otros miles de personas que vimos las noticias, yo personalmente no me lo crei, me parecia todo mentira, un sueño... vaya masacre que hiciceron los muy hijos de perra, esperemos que no ocurra nada parecido nunca mas, porque nadie se merece lo que paso aque dia... Bueno esperemos que todo siga bien y a condenar a todos los hijos de perra!!

Muchos saludos para todos los del blog Chica