Cambiemos los centros de cultura por iglesias
Hoy, 5 de marzo, a las 08:00 de la mañana, un grupo de trabajadores con la cara tapada y obrando para una empresa de oculta identidad, cumplía las órdenes de
demolición, por sorpresa, del centro cultural del edificio centenario "Ungdomshuset", en Copenhague.
Sindicatos daneses de trabajadores habían recomendado a todas
las empresas que se negaran a realizar semejante trabajo sin el apoyo popular y ante esa extrema vigilancia policial que denotaba el desacuerdo de la mayoría de los ciudadanos.
Por otro lado,
la secta cristiana que ha comprado el terreno y que se hace llamar
"Faderhuset" o "Casa del Padre",
había convocado una rueda de prensa hoy para explicar públicamente su manera de proceder en estos días con el derribo. Todo fue una táctica de actuación sorpresiva y sucia que cerraba la posibilidad del diálogo y de la supervivencia de un edificio histórico como el Ungdomshuset.
Lástima de gobierno democrático que permitió vender al Ayuntamiento en el 2.000 este edificio del Pueblo para tales fines sectarios dentro de una Europa moderna que se supone que avanza culturalmente.
Tal vez apostar por una casa como ésta que daba a la juventud un interesante enriquecimiento debiera ser, en plena democracia, una tarea por la que pelear desde el gobierno y no desde las calles como, lamentablemente, tuvieron que hacer los jóvenes contra las fuerzas represoras del Estado que a golpes intentaron imponer la ley del más fuerte, en este caso EL DINERO.
"Desde la primera vez que 'Faderhuset' habló del derribo de esta casa de más de cien años hemos propuesto una y otra vez a los políticos que les ofrecieran otro terreno y se protegiera la historia. Los políticos han elegido conscientemente ignorar la oferta" , señalaron en un comunicado los "okupas".
El asunto ha dejado,
como resultado de los enfrentamientos entre Fuerzas del Estado y partidarios del centro cultural,
aproximadamente 650 detenidos, más de una cuarta parte de ellos extranjeros (alemanes, suecos y noruegos principalmente), y
unos 220 ya están en prisión preventiva.
Una vez más
ganó la usura, ganó el más fuerte, ganó el dinero ante el sentido común y la presión popular.
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