ANDALUCES LEVANTAOS: NUEVO ESTATUTO DE AUTONOMÍA PARA ANDALUCÍA
La Andalucía de ayer: Un futuro negado

Durante siglos, Andalucía vino siendo una región española de conveniencia, aislada, marginada y explotada en “Señoríos Feudales”. La riqueza de nuestras tierras, su inagotable fuente de recursos naturales, contrastó fuertemente con la pobreza de aquellos andaluces que, siendo la mayoría, día a día trabajaban la tierra con sus manos desde que el gallo cantaba hasta que el sol se ponía en Sierra Morena. Esos jornaleros, que se hacinaban en graneros y pajares compartiendo lecho junto a los animales a la hora de dormir, eran el orgullo del Señorito en la medida de su capacidad para el trabajo, al igual que las bestias de carga y arrastre. Esta deplorable situación no es un asunto lejano que se difumina en un horizonte de tiempos ajenos a los que hoy en día seguimos firmemente enraizados en estas tierras de alzamiento, pues tuvimos a nuestros abuelos, a su refranero y anecdotario que, tras voces serenas y agotadas, pusieron en nuestros oídos inverosímiles historias de injusticia, clasismo y opresión.
El legado
Aquello es un pasado inmediato que aún sigue teniendo testimonios vivos, que ha forjado en nuestra generación postransitoria una conciencia de lucha e inconformismo con aires de regionalismo fuertemente fundamentados. La identidad de todo andaluz no se ha labrado en dos días, han sido necesarias muchas décadas de levantamientos, reivindicación y cantos de libertad clamando justicia desde los campos. Nunca estuvo tan acertado aquello de que “sangre, sudor y lágrimas” nos costó, pues la sangre se derramó en los pueblos durante tiempos de guerra, el sudor del campesino hizo crecer los retoños de la revolución y con ellos un sueño alentador y de esperanza para nuestro futuro negado, y finalmente las lágrimas fueron testigo mudo de la injusticia social que esclavizaba al andaluz en su propia tierra o, en el mejor de los casos, lo exiliaba de ella.
Fuimos ayer y hoy el alma viva de España, parte importante de su magia y embrujo que tanto nos representó siempre, pero del mismo modo fuimos la granja de la Patria Grande, saqueada y olvidada; fuimos esplendor histórico, confluencia de culturas y vestigio de las más grandes civilizaciones y tiempos de gloria.
Un cambio histórico
Pero llegaron tiempos de cambio, como no podía ser de otra manera, y esos cantos de libertad se fueron adueñando de los campos andaluces, recorriendo como un reguero de pólvora las costas, los montes y nuestras llanuras para estallar en el polvorín revolucionario. Artífices de estos cambios serían grandes personajes como Federico García Lorca, el gran poeta granadino, o Blas Infante, el Padre de nuestra pequeña y a la vez tan enorme Patria Andaluza. Ellos cayeron víctimas de las manos del franquismo pero se convirtieron en los mártires de la revolución, inmortal ejemplo candente que perdura eterno en aras del avance de nuestra tierra y nuestra gente. Su aporte no fue algo simbólico solamente, más allá de bellos poemas, un himno o una bandera que expresan nuestro sentir común e histórico, está el inicio de la construcción de una conciencia colectiva enraizada y fortalecida como ninguna.
El 28 de febrero de 1.981 los andaluces dijimos “sí” al Estatuto de Autonomía para Andalucía desde calles y plazas, desde todos los rincones con grito unánime, para conseguir el Estado Pleno de Autonomía, para conseguir la independencia política y administrativa de nuestro patrimonio, en definitiva, el autogobierno que priorizara nuestras necesidades más básicas para equipararnos al resto de la nación española.
Un nuevo paso

La historia se repite, el día 18 de febrero de 2.007 los andaluces estamos convocados al Referéndum popular que apruebe el texto definitivo del nuevo Estatuto de Andalucía, el cual supone una sustancial reforma de aquél que en su día conseguimos con mucho esfuerzo ante la oposición, manipulación y tergiversación de las rancias fuerzas conservadoras que no estaban acostumbradas, desde hacía varias décadas, a un levantamiento mayoritario tan contundente. Este nuevo texto iguala ambos sexos de manera sobresaliente en todos los sentidos, obligará a los ayuntamientos a invertir en necesidades básicas para el ciudadano como pueden ser la vivienda o la salud, velará más que nunca por nuestros derechos y reafirmará el crecimiento económico de nuestra tierra para ascender al nivel de las regiones europeas más desarrolladas. En definitiva, una reforma de algo que fue bueno para Andalucía en su día debe ser buena con más motivos que nunca en la actualidad. El 28 de febrero de 1.981 la mayoría de los andaluces participó con orgullo en aquel paso tan importante y hoy podemos disfrutar del sustancial cambio, veintisiete años después. Todos tenemos que ser partícipes de esta nueva llamada que nos hacen las urnas para un nuevo acontecimiento histórico que supondrá un paso más de avance en nuestra lucha, nadie tiene excusa para permanecer indiferente ante tal oportunidad. El día de mañana podremos decir entonces “Yo estuve ahí, dije Sí y formé parte de este proceso de cambio para mi tierra y mi gente”.
Todos a votar por una Andalucía libre en progreso continuo. Este logro nos pertenece a todos, por lo tanto todos debemos ser responsables y partidarios de una reforma tan importante para nuestra próspera tierra. El 18 de febrero de 2.007 el pueblo andaluz volverá a ser una sola voz, bajo unos mismos colores de unión y bajo un único himno que se apoderará como antaño de nuestras ciudades y pueblos, de sus calles y de sus plazas, desde el monte a las grandes urbes.
¡¡ANDALUCES LEVANTAOS, DECID TIERRA Y LIBERTAD, SEA POR ANDALUCÍA LIBRE, ESPAÑA Y LA HUMANIDAD!! - Himno de Andalucía, Blas Infante.
Enrique Sánchez Rodríguez
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