Hoy les traigo un
íntimo y profundo escrito sobre el sentimiento más visceral de amor hacia la Patria cubana. Es un divagar entre anhelos de una amiga mía tan sensible como curtida en la conciencia social. No desvelaré su nombre, simplemente me limitaré a transmitir esa nostálgica y bella sensación que un día me transmitió a mí como regalo, desde un imperio de asfalto, rascacielos e individualismo por doquier. También me permitió difundirlo y así lo hice en alguna ocasión a mis amigos de la red. Ahora es muy probable que ella lea éste, su propio escrito, y por eso, si es conveniente, que decida ella si dejar constancia de su identidad en los comentarios o simplemente un testimonio de su visita como recuerdo.
Espero que lo disfruten tanto como yo. Sólo un consejo antes de leerlo, déjense llevar por el sentimiento latino.
“MI CUBA LIBRE” (una crónica de amor patrio)
“Todas las mañana me levanto temprano para ir a trabajar. Todas las mañanas voy al baño, me aseo, me miro un poco las ojeras en el espejo y regreso a mi cuarto a vestirme. Escojo meticulosamente la ropa, los zapatos, y los accesorios del nuevo día. Me pongo perfume en las muñecas y detrás de las orejas. Desayuno un vaso de jugo de naranja o de leche, atravieso el portón y si ando de suerte doy con el bus en la parada de la esquina; de lo contrario llamo un taxi. Porque al trabajo hay que llegar puntual! Todos los sacrosantos días hago lo mismo. Claro que esto no es una queja, pero antes era distinto y me ha dado por pensar en ello.
Antes me levantaba más temprano para ir a la universidad. A veces ni tiempo me daba a lavarme la boca. Traía el pelo más largo y gustaba de repetir el peinado del talco - talcomomelevanté-. Desayunaba un vaso de limonada con azúcar prieta o alguna fruta fresca del patio y sin tantos reparos, porque no habían muchas opciones, me vestía sino lo mejor al menos sí lo más cómoda posible y a la carrera. Del transporte ni hablar, no es como aquí en New York que las guaguas pasan cada 5 ó 10 minutos. Nada que ver! Fuera en Pinar del Río, la Habana, Matanzas o cualquier provincia de la Isla, a lo menos entre una guagua y otra había que esperar media hora o 45 minutos. Gústele al que le guste y pésele a quien le pese. Qué delicia!

Antes que el gallo cantara, en la esquina, ya estaban sentados los viejos de la cuadra, leyendo el periódico. Blanquitos en cana, con sus camisitas gastadas bien planchaditas, y con una salud envidiable, madrugaban para comprar el pan y el litro de leche que el gobierno les asignaba según la edad. Muchos de ellos además, conocidos del círculo de abuelos, a las 9:00 am se reunían en la alameda a hacer ejercicios, asistidos por la enfermera del consultorio de familia más cercano o por alguna trabajadora social de la zona.
Siempre sonrientes, daban los buenos días a todo el que pasaba. Si lo veían a uno/a de mala cara, soltaban algún dicharacho de esos que solo se aprenden con los años o simplemente preguntaban: compadre, no me digas que anoche le ibas a los industriales? ( Industriales es el nombre del equipo de béisbol de la Capital). Jajajja! Eran irresistibles! Y en las guaguas... Já! Qué no contar!? Solo tenía que medio voltearme 15 grados a la derecha o a la izquierda para ponerme al tanto de lo ocurrido en el ámbito nacional e internacional, sin necesidad alguna de ver noticieros o sintonizar el peculiar informativo Radio Reloj. Las historias personales irrumpen por doquier; las personas se ríen de sus carencias. De pelota saltan a la Guerra Fría, al mundial de fútbol, al parte meteorológico, a los efectos de la inflación, al Capital, al meollo secular de la novela en turno, a la solución casi fantástica a males que acosan el planeta tales como la hambruna y la desnutrición: " Mijo, yo, a esa gente me la llevo pa' la casa, los baño, los llevo al médico, y luego, aunque sea a base de arroz, yuca y picadillo de soya, los pongo rosaditos y contentos como el más capitalista!" De un modo tan simple y tan extra-ordinario que uno llega a creer por un momento que es posible.
Hace tres años y medio cuando prácticamente madrugaba para llegar a tiempo a clases, con apagones, sin celular, sin internet, a expensas de un sistema de transporte con pocas alternativas, el cielo quedaba tres veces más lejos - sí!-, pero la tierra era generosa y eran también generosas sus miserias. Cha cha cha, qué rico Cha cha cha!”
Escrito por una amiga Cubana que vive en Nueva York.
(El documento original no ha sido modificado, aunque se le ha añadido un título para este artículo).
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