sábado, 16 de diciembre de 2006
Hace un par de meses y con motivo de sus 60 días en el poder, en una conferencia de prensa, el “demócrata” presidente constitucional del Perú, Alan García Pérez calificaba de derrotados y cadáveres políticos a los opositores de su gobierno.
Esta intolerancia contra quienes piensan diferente, es una distinción del APRA, partido al que pertenece dicho “demócrata”, y una insignia de grupos totalitarios y fascistas. Conocida ya su ideología totalitaria, y sumándole como reconocimiento su alianza con la derecha reaccionaria del país, es comprensible su reciente intención de controlar los Organismos No Gubernamentales.

Esta ley fue presentada por un congresista del partido fujimorista, liderado por el genocida ex-presidente Fujimori, y apoyada por grupos de la derecha tradicional y también por el APRA, fue hace unos días aprobada en el parlamento. Fujimori, eterno cómplice de las transnacionales que continúan saqueando el país, y quien entre sus notables aciertos, tiene el de renunciar a la presidencia vía fax desde Japón, parece que aún continua gobernándonos.
La ley tiene como objetivo principal destrozar a las molestas ONG’s que pretenden el desarrollo del país.
Pero ¿qué se han creído estas ONG’s?, venir a apoyar el desarrollo en el subdesarrollado país de Perú, buscar una vida digna para gente tercermundista, educación a campesinos y obreros, a NO, este es caldo de cultivo para la subversión, y las transnacionales son las que gobiernan y no van a permitir tal canallada.

Para muestra solo un caso:
Existen varias ONG’s que protegen el medio ambiente en el Perú, las cuales han sido a lo largo de los últimos años amenazadas por las mineras quienes sin escrúpulos depredan el medio ambiente y explotan a mineros pobres (la mayoría, menores de edad) en jornadas que pasan siempre de 10 horas de trabajo y sin ofrecer seguro alguno, y no contentos con tal atropello exigen también que los trabajadores no se adhieran a ningún sindicato ni formen asociación alguna amedrentándolos con un despido seguro. Esta situación quedará con la ley propuesta sin siquiera la débil fiscalización que efectuaban dichos organismos.
Pero el odio a las ONG’s es común en las derechas de América Latina, ya que fueron estas las principales opositoras de gobiernos genocidas y totalitarios apoyados siempre por la derecha reaccionaria y por Estados Unidos. Organismos como APRODEH (ONG que protege DDHH en Perú), siguen siendo un dolor de cabeza para genocidas como García Pérez.

El mecanismo que se pretende legalizar es el siguiente:
Las ONG’s deberán inscribirse en la APCI (Agencia Peruana de Cooperación Internacional) y acto seguido, deberán “armonizar” (palabra utilizada en la descripción de la ley) con el sagrado estado peruano, claro esta, para unir fuerzas y lograr el subdesarrollo tan anhelado por las multinacionales, y si alguna ONG rechaza esta intromisión, serán eliminadas todas las acciones del organismo en el país.

Diversos organismos como la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos) se han pronunciado contra esta ley que ya nace enferma, pues es anticonstitucional ya que vulnera el derecho a la libre asociación civil.

¿Existe ahora posibilidad de fiscalizar este corrupto gobierno?, aún cuando la libertad de prensa se “prensa” con los intereses de las multinacionales, aún cuando las voces solo se levantan en rincones aislados como el presente y aún cuando se silencia dichas voces con leyes como la descrita… Sí, y esta vez lo digo con una sonrisa en el rostro, al igual que yo, sé que existen muchas personas y muchas ONG’s, que no callarán ante estas políticas totalitarias e intolerantes propias de gobiernos fascistas como el actual.

El gobierno de García es ahora ilegítimo, no solo por avalar la ley contra las ONG’s que atenta contra la libertad, sino también por no representar al pueblo peruano y los intereses de las mayorías. Fue elegido prometiendo un cambio “profundo y responsable”, y continuó, una vez en el gobierno, con las políticas neoliberales que prometió cambiar, porque ha traicionado las aspiraciones y la voluntad democrática del pueblo peruano. No llamo a una insurrección popular y a levantar armas contra este putrefacto gobierno, llamo a la razón, llamo a los miles de hombres y mujeres que, al igual que yo, creen que un país distinto es posible.
Permítanme, para acabar, tomar una frase del Manifiesto:
“Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar”.
Importante es recordar estas palabras en momentos como este, en que nuestra libertad está en peligro.
André

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