A veces sobran las palabras, pues dicen que "una imagen vale más que mil palabras", podría ser éste el caso pero no es así, Córdoba es más que una simple imagen y mucho más que mil palabras, Córdoba es un placer indescriptible que sólo tiene cabida y comprensión en el corazón de aquél que la visite y quede para siempre de ella prendado.
Les pido un par de minutos y hoy les invito a pasear por Córdoba, la conozcan o no, con mi humilde compañía. Estaría dispuesto a hacerlo cada día de mi existencia. Así sea hoy con cada uno de ustedes.
Adelante...
Córdoba, donde el corazón te lleve.
Cada vez que paseo por Córdoba, pues los sentimientos me lo reclaman muy a menudo, ejercito los sentidos, aflorando desde muy adentro, siempre atentos, para permanecer receptivos a cualquier sensación. Es entonces cuando me siento tan sorprendido como el primer día, tan atónito como cualquier turista, cámara digital en mano y emoción contenida porque no soy sino un turista más cada vez que camino por su empedrada judería y no soy sino un amante más de tantos pretendientes para una dama tan inalcanzable como única y querida.
Córdoba nos emborracha de sensaciones, nos sumerge en un sueño profundo cada vez que paseamos por las calles de su judería y su casco antiguo, reviviendo momentos ancestrales, contemplando estos parajes desde un salto atrás en el tiempo, que paró aquí y descansa imperecedero. Se detuvieron pasajeros a soñar despiertos, escribieron los historiadores hermosos cuentos, los filósofos y matemáticos la colmaron de sabiduría, la llenaron de versos a cada paso los poetas que siempre perdurarán con los años. No obstante, no hubo verso fiel y completamente acertado que describiera su belleza mientras el viento suspiraba sumiso en Madinat al-Zahra, la hermosa ciudad del azahar emplazada en su serranía.
Cuenta la leyenda que fue la favorita del califa cordobés Adb al-Rahman III, la bella Zahra (“La flor de Azahar”), quién le inspiró a construir la más hermosa ciudad andalusí, a la que aportaría además su nombre. Sin embargo su existencia sería corta y hoy en día tan sólo nos quedan los vestigios de tanta magnificencia de lo que realmente fue la ciudad administrativa y capital de la Córdoba califal. Aún así, hoy en día Medina Azahara sigue siendo un lugar idóneo para dejar volar la imaginación muy alto.
Piropear tanta belleza es tarea compleja pero sencilla para el cordobés sincero, dedicarle un verso puede ser un atino o un insulto si no hace honores a su encanto o a su melancolía patente en el cielo. Dedicarle unas palabras confiadas y con acierto es complicado pero se debe correr el riesgo, pues lo exigen sus encantos, delicado dulce de anhelo.
Caminar por los alrededores de la Sinagoga, la tercera de mayor relevancia en España, o por su Mezquita, la más importante del Reino Musulmán, es sentir de lleno el amor que nunca desgasta el paso del tiempo. Así podemos notar la llegada de mayo con sus cruces, sus patios, sus rejas y, sobre todo, su generosa y deslumbrante Feria de Mayo cerrando el mes con bondad, invitando al mundo de nuevo a reír y a soñar, regando paladares de dorados licores y saciando apetitos con la más deliciosa gastronomía, alumbrando de brillo miradas alborotadas. Impregnan todas estas fiestas, en definitiva, a Córdoba entera, desde la judería a los barrios de la periferia, con la fragancia del geranio, los lirios y las clavellinas. Desde la entrada de la primavera hasta el final del verano, la judería cordobesa extasiará el olfato de sus visitantes con aromas de fino azahar y dulce jazmín, olores que se intensifican durante las calurosas y despejadas noches de estío, donde el manto celestial se presenta cargado de estrellas y salpicado de luceros. Recorriendo su laberinto de calles podremos aderezar el paladar entre vino y cante flamenco del más puro estilo o degustar cena y té morunos deleitados por el más sinuoso de los bailes: la danza del vientre en toda su esencia.
Cuando el visitante percibe y procesa tanta grandiosidad y sentimiento queda enamorado para siempre de la tierra de la tolerancia y el respeto a los pueblos. Es la magia y el embrujo de la Córdoba califal.
Córdoba, gitanita de ensueño, cabello tizne, ojos negros y piel tostada; Córdoba, morita de leyenda, de cabello azabache, oscuros ojos almendrados y piel aceitunada.
Córdoba, madre querida, cuantas lágrimas volqué en tu pecho encontrando comprensión y calor materno donde los demás ponían vacío y resentimiento.
Córdoba bella, cuantas veces te he contemplado celoso desde la lejanía, celoso de amor por no tenerte, celoso de amor porque te tiene Andalucía en el centro de su alma y en lugar reservado, siendo de ella su corazón, donde pusieron fe y ambiciones las culturas de antaño y los soñadores con infinita ilusión.
Córdoba linda, Córdoba guapa, Córdoba mía, ahora sí, si tuviera que nacer de nuevo, tierra de arte y sabiduría, nacería en tu seno mil veces y al llegar al fin de los siglos, entre olivares de plata y amurallada travesía, en tu seno por siempre descansaría.
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Para terminar, un poemilla que haga de colofón final a este bonito paseo.
A Córdoba "consentío"
¿Me sientes?
Serpenteando entre aceitunas por meandros de magia,
atravesando la sierra morena y preciosa,
haciendo del camino interminable reverencia
entre pinares de incienso y el rocío que reposa.
¿Me escuchas?
Arrancando desde muy adentro el cante jondo,
aplaudiendo la gracia que sana amargura,
tejiendo con palmas cabello negro alborotado
por taconeo que pinta inigualable hermosura.
¿Me captas?
Desprendiendo el insomnio de mi piel tostada,
a golpe de cadera despertando tu calma,
cimbreando mi vientre en sensual danza
por tus pupilas perdidas, por tu sol que me llama.
¿Me amas?
Deambulando fundidos por tu ribera bravía ,
saboreando soleares de guitarra flamenca,
liberando recuerdos de conciencia gitana sentía
entre morunas madejas de belleza eterna que en ti se aposenta.
¿Me llevas?
De tu cintura prendida, en tu cabeza consentía,
cabalgando en tu pecho como mal de amores,
fundida a tu espalda, jinete, por toda mi serranía,
colmando mis tierras de mayos, dorado néctar y flores.
El poema lo escribí en Caracas, Venezuela, a 7 de diciembre de 2004
Esto es todo, saludos familia.
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