martes, 24 de octubre de 2006
Quiero relatar en este espacio una fiesta nacional que se celebra en octubre de cada año en Perú, en esta fiesta se recuerda al Señor de los Milagros, una imagen de un Cristo morado que año a año es idolatrado por limeños de todas las edades. Esta fiesta es acompañada siempre por una tortura cruel y despiadada en la llamada Plaza de Acho.

Tal vez hayas oído que la fiesta de los toros es un arte, pero ¿lo es?...
Nada en esta fiesta es genuino, solo el dolor. Este “arte”, comúnmente llamado fiesta taurina, es pues, una de las más tristes herencias del colonialismo español, pero, ¿debemos seguir culpando mediaticamente a la cultura hispana por introducir este “arte” en nuestra patria?

Cargado de una valentía indomable, propia pues de la arcaica creta, el torero va hacia su victima con el único deseo de realizar su “arte”, y
¿Asesinarlo?, no; es un toro, es un animal, pues entonces a darle una muerte cruenta y sanguinariamente despiadada. Y preguntémonos algo que ni el ser más aficionado a esta tortura, ni tampoco el más constante crítico de esta fiesta de sangre se preguntan: ¿Qué siente el toro?
El muy triste animal que con su muerte tiene la misión de entretener a ese público sediento de sangre es encerrado 24 Horas antes de entrar en la arena, sometido a un encierro a oscuras para que al soltarlo, la luz y los gritos de los espectadores lo aterren y trate de huir saltando las barreras, lo que produce la imagen en el publico de que el toro es feroz, pero la condición natural del toro es huir NO atacar. Sí, huir, eso que muchos de nosotros añoramos cada vez que escuchamos a “políticos” declarar a favor del genocidio (al que absurdamente llamamos guerra) que comete el imperialismo yanqui, en Irak, Afganistán y cuanto país se interponga en sus intereses. Intentamos escapar de esta realidad, de Mr. Bush, de Alan García, entre otros genocidas, somos entonces la versión humana de ellos.
También en el encierro se le han recortado los cuernos para proteger al torero (actividad prohibida y penada). Esto busca anular por completo la única defensa y arma del toro. Pero, ¿lograron someterlo?, NO, el toro lucha contra su asesino, contra el asesino de su especie, hasta su último palpitar. Nuestras armas no son cuernos, nuestras armas son nuestras palabras, nuestra ideología, eso nunca morirá aunque el “torero” nos destruya físicamente, las ideas no morirán.
Así pues, el maltrato físico aún comienza entonces para el toro al cual le cuelgan sacos de arena en el cuello durante horas. Lo golpean en los testículos y los riñones. Le inducen diarrea al poner sulfatos en el agua que bebe. Le colocan grasa en los ojos para dificultar su visión y en las patas le colocan una sustancia que le produce ardor y le impide mantenerse quieto.
Creo que no hace falta relatar la tortura a la cual se le somete en la arena hasta su muerte.

Si esto es arte, lo ocurrido en Irak fue pues una guerra equilibrada. Y si alguien cree que no debo “personificar” de esa forma a un animal, yo le responderé que mejor nos dejemos de “animalizar”.
André

Comentarios
Publicado por REVOLUCION_CHE
jueves, 09 de noviembre de 2006 | 19:10
Comprendo perfectamente tu indignación, compañero Enzo, pues en España nos enfrentamos, en pleno siglo XXI, a la vergüenza nacional que suponen las corridas de toros, el rejoneo y otras tradiciones sádicas menos conocidas, como apalear por las calles de un pueblo a un toro hasta matarlo para luego arrancarle los testículos y pasearlos en una lanza (reivindican su derecho a seguir con tal acto alegando que es una tradición de más de 400 años, quieren vivir en el pasado como salvajes), lanzar a una cabra desde el campanario de una iglesia para que reviente contra el suelo, etc..
Es vergonzoso que en los tiempos que corren sigamos con estas malas artes dignas de cavernícolas, o ni siquiera eso porque creo que ellos respetaban más la naturaleza y consumían básicamente por necesidad.
Si para conservar las corridas de toros y otros actos barbarie en contra del progreso cultural y racional del hombre alegamos que son tradición de muchos años, que vuelva el Circo Romano.
Publicado por Sergio P
miércoles, 17 de enero de 2007 | 4:53
Amigo Enzo, tiene razón; supuestamente los hombres nos encontramos en un proceso de humanización, pero parece que cada vez nos devolvemos a la barbarie. Sin embargo hay todo tipo de costumbres que se han acabado y que solo un proceso de evolución mental puede lograr que nos preocupemos mas por lo que siente un ser vivo como un toro, y dejar de llamar "héroe" al victimario. Este es apenas el comienzo de la tarea que falta para difundir por el mundo.